

Los Valores y la Sexualidad
La sexualidad forma parte de la personalidad y su manifestación está ligada al comportamiento humano.
Si partimos del hecho de que cada generación ha transmitido a las siguientes aquellos valores y conocimientos en los que han sido educados, añadiendo las modificaciones de la propia experiencia y los debidos a los cambios sociales y culturales de cada época podemos afirmar que siempre ha existido, de hecho, una educación de la sexualidad, en el sentido de que siempre ha existido una transmisión de valores, opiniones y actitudes al respecto.
Niños, niñas y adolescentes adquieren su sistema de valores o sus conocimientos en materia de sexualidad a través de:
El comportamiento cotidiano de los adultos y las relaciones entre los mismos.
Los roles asignados tanto a los niños como a las niñas desde temprana edad.
La influencia de los medios de comunicación.
La división del trabajo en función de los sexos, etc.
Todos estos son factores que, poco a poco, a lo largo del proceso de crecimiento, van impregnando la mente de niños y niñas y, por consiguiente, van configurando sus primeras actitudes respecto el afecto y la sexualidad.
Por lo tanto todo lo que aprendemos sobre la sexualidad es más que un simple conjunto de contenidos informativos, tiene que ver principalmente con el desarrollo de actitudes y de habilidades, incidiendo en mayor medida sobre los comportamientos, por lo tanto nuestra sexualidad está muy ligada a los valores.
Autoestima, responsabilidad, libre albedrío (capacidad para tomar decisiones de forma autónoma), amistad, respeto, calidad de vida, bienestar; etc, son valores que asociados a la sexualidad ayudarán a desarrollar un mayor número de conductas saludables dentro del marco de la propia valía personal y de los que nos rodean.
Igualmente educar en el manejo adecuado de las necesidades y manifestaciones afectivas (amor, amistad, compañerismo) permite comprender las relaciones de afecto entre las personas y prepara para extender progresivamente esta comprensión al terreno de la sexualidad, desarrollando actitudes positivas que facilitará en el futuro las relaciones personales de adolescentes y jóvenes.
Por lo tanto relacionar la sexualidad con la educación de los valores, las actitudes, los sentimientos y las vivencias, ayuda a fomentar la reflexión crítica que capacite para la toma de decisiones de las y los adolescentes y jóvenes, a través del análisis de las alternativas posibles y de la valoración de sus consecuencias, lo cual ubica la educación de la sexualidad en el marco de una preparación para la
vida.
Este proceso cuando se realiza tanto personal como grupalmente, genera actitudes positivas que juntamente con las habilidades necesarias de comunicación asertiva, negociación y toma de decisiones, contribuyen a establecer un estilo de vida saludable, así como un sistema de valores coherente, lo cual disminuye los riesgos o consecuencias negativas favoreciendo el logro de sus metas y de su proyecto de vida.